| |
 |
 |
 |
|
|
 |
|
Kirchner teme a la inflación y al desempleo |
 |
|
Por Hugo José Monasterio, desde Bariloche (*): El crecimiento se mantendrá mientras exista el círculo retroalimentador entre las condiciones mundiales favorables, el consumo local y la inversión |
 |
|
1/1/2008 |
 |
Tal vez uno de los interrogantes que más que surge en estos momentos es hacia dónde va la economía. Se está aprovechando el contexto internacional adecuadamente o simplemente se están tomando medidas para salir del paso. Entrevistado por Gente de Campo, Hugo José Monasterio, Economista de la Universidad Fasta, explicó lo que está sucediendo en el país.
En relación a los acuerdos de precios planteó: “Los acuerdos de precios constituyen una solución transitoria, orientada fundamentalmente a desactivar las expectativas o pujas inflacionarias que existan en una economía. Aun en esa transitoriedad, son efectivos únicamente si los sectores empresariales involucrados están convencidos de su razonabilidad/ necesidad.
La iniciativa de formalizar este tipo de acuerdos nace cuando una o más variables económicas generan perturbaciones en el mercado interno. En el caso de nuestro país, los detonantes de la inflación han sido, básicamente, dos: el deseo de equiparar (en dólares) los precios locales a valores internacionales que son superiores (una disyuntiva crucial para el sector exportador: ¿porqué vender aquí a U$S 0,20 el litro de leche si se puede obtener U$S 0,70 comercializándolo en el exterior?); la presión alcista que genera la misma población sobre los precios, a raíz del creciente y sostenido consumo que viene protagonizando. Tanto una como otra razón van minando poco a poco la sustentabilidad de estos acuerdos: en la práctica se vuelven permeables a la expectativa natural que toda empresa mantiene en las épocas propicias (acrecentar sus ganancias y capitalizarse); y es ésa debilidad lo que termina por desbaratarlos a través de caídas progresivas en la oferta de bienes y servicios (lo cual, lógicamente, no tarda mucho en regenerar las mismas tensiones que se había tratado de aliviar). En suma, estos pactos sólo son útiles como herramienta de emergencia en un contexto de fuerte convulsión inflacionaria. Sin embargo, para que surtan efecto se requieren dos condiciones: que ya estén vigentes los ajustes salariales que hayan sido necesarios; de este modo las empresas que adhieran al acuerdo de precios no se encontrarán después con reglas de juego cambiadas; que cada arreglo esté explícitamente concebido como una medida temporal, cuyo lapso de aplicación servirá para tomar medidas correctivas sobre aquellos factores que causan inestabilidad.”
En relación a uno de los temas más controvertidos del momento que es la inflación, el economista manifestó que para conseguir su disminución hay que tomar dos medidas: “reducir la presión tributaria que recae sobre las empresas, para atenuar sus costos y promover así una baja generalizada de precios (esto último sí puede ser acordado con las cámaras sectoriales). Redistribuir -a través del mecanismo encajes/ redescuentos- parte del crédito interno desde el consumo hacia la inversión privada (que hoy no dispone de suficiente oxígeno financiero para responder a los requerimientos de la demanda: muchas son las empresas que se autofinancian en base a sus propias ganancias, al no contar con respaldos crediticios en el sistema bancario). Generar un diseño efectivo de créditos a mediano y largo plazo, destinados a fomentar emprendimientos productivos de mayor aliento (hoy este tipo de préstamos virtualmente no existe en el país; mientras tanto y por expresa instrucción del Banco Central, el Nación mantiene inmovilizados en su tesoro $ 20.260 millones; una parte de esta suma bastaría para repetir la exitosa experiencia del súper banco estatal brasileño, que financia el crecimiento de las empresas en infraestructura productiva, a condición de que generen puestos de trabajo y fijen precios populares para sus bienes y servicios). Alivianar la estructura de cargas previsionales que rigen en el país, de modo que ello se traduzca en mejoras de costos y, correlativamente, de precios. Frenar la expansión constante que el gasto público ha tenido en los últimos meses (lo cual contribuye a recalentar a la economía).”
Siguiendo con el asunto de la inflación, Monasterio destacó: “los guarismos varían enormemente según el rubro que se considere. El INDEC calculó para abril/2007 un crecimiento en los precios al consumidor de 0,7%. Nosotros estimamos que, en realidad, durante ese mes el valor promedio ponderado de todos los consumos computables subió 1,47%. Esto implica una proyección de 17,84% para el 2007 (por ahora menor que el 20,1% real del 2006, y superior al 9% proyectado por el Ministerio de Economía para este año). En este punto, y al ver las diferencias en los índices planteados por el Indec y otras instituciones, el economista destacó: “Me remito a la expresión popular: “No hay que matar al cartero sólo porque trae malas noticias”. Si bien su metodología de trabajo era y es perfectible, el haberlo descabezado fue un grueso error político, cuyas consecuencias aún no se develan del todo.
En un año político, la gran incógnita a develar es que ocurrirá luego de las elecciones. Según Hugo José Monasterio: “la próxima gestión procurará consolidar aquellos aspectos que se han convertido en la espada principal del actual gobierno (los superavits gemelos). Ergo, es muy poco probable que se reduzcan tanto la presión fiscal interna como las retenciones sobre la exportación de bienes y servicios; sin embargo, conciente de que no se puede cargar más las tintas tributarias, se verá en la necesidad de controlar y reducir el gasto público (que comenzó a desbordarse hace ya cuatro meses); seguirá promoviendo acuerdos con las cámaras empresariales para enfrentar la inflación (esto habrá de prolongarse hasta que se decidan transitar los otros caminos -que si bien son mucho más arduos y exigentes, estimulan de manera efectiva la inversión interna y permitirían potenciar a la economía de medio y largo plazo-); para el año venidero deberá convocar a nuevas negociaciones salariales debido a los persistentes aumentos de precios y al efecto “arrastre” que éstos generan; tarde o temprano, deberá asumir que la forma de sostener al dólar en el actual valor está generando una creciente deuda pública (que algún momento se constituirá en escollo importante para su gestión -salvo que la “patee” hacia el futuro, como han hecho gobiernos anteriores-); inevitablemente deberá negociar la actualización de las tarifas de gas y electricidad, lo cual será doblemente complicado si se efectúa en un contexto de inflación superior a la deseada; deberá actuar como “bombero” frente a los incendios presupuestarios de las provincias; es posible que se intente recuperar desde el estado el co-gestionamiento de áreas económicas que fueron privatizadas en los años 90.
Con respecto al congelamiento de tarifas, el entrevistado sostuvo: “A decir verdad, tanto las empresas proveedoras de gas como las de fluido eléctrico tuvieron excelente rentabilidad desde las privatizaciones hasta la devaluación. O sea, acumularon un muy buen “colchón” de beneficios, sin que esto haya sido del todo trasladado a inversiones incuestionables. En ese sentido, su comportamiento empresarial no fue justamente paradigmático y ello las inhibe parcialmente para demonizar al estado nacional.
Sin perjuicio de ello, es real que -medidas en dólares- sus ganancias anuales se han desplomado. Este deterioro económico es la razón que esgrimen para justificar la ausencia de inversiones en el sector (con recortes drásticos en sus planes de expansión, saturación de equipos y recurrentes interrupciones de suministro). Sea rigurosamente cierto o sobredimensionado, es inevitable otorgarles un ajuste de tarifas. Al respecto, el propio gobierno está admitiéndolo. Incluso, originalmente lo había previsto para este año; pero ya anunció su diferimiento al 2008. Motivos de preocupación no le faltan: saben que cualquier incremento tarifario será inmediatamente trasladado por el resto de las empresas a sus costos y, por ende, a los precios; esto, junto al aumento para consumos domiciliarios, fogoneará aún más a la inflación (fantasma al que Kirchner teme tanto como al desempleo). De todos modos, el paso debe darse tarde o temprano para evitar las turbulencias de una industria sin energía, ciudades a oscuras y demás inconvenientes estructurales y sociales.” Hablando acerca de las posibles soluciones Monasterio enunció: “el gobierno cuenta con alternativas: acordar ajustes escalonados para morigerar su impacto en la economía y, además, disponer de tiempo para “acomodar” las variables macroeconómicas afectadas; reducir las cargas tributarias y/o previsionales del sector, para que estos menores costos se reflejen en la formación de precios de las empresas del sector; en base a una redistribución de partidas presupuestarias, asignarles subsidios especiales como los que ya se otorgan a las refinadoras/ expendedoras de combustibles y al transporte público. Todo ello, hasta que se concluyan las dos centrales termoeléctricas que se licitaron hace pocos meses.”
Para concluir, el economista consideró: “el crecimiento se mantendrá mientras exista el actual círculo retroalimentador entre las condiciones mundiales favorables, el consumo local y la inversión. Las expansiones se agotan por una caída continua en las demandas externa y/ o doméstica, o por recalentamiento inflacionario. Paralelamente, en nuestro caso la insuficiente reinversión actual (muy acotada por el escaso financiamiento interno) va a desembocar en un agotamiento gradual de la capacidad productiva de las empresas, y esto se traducirá en desaceleración de la economía. Sin perjuicio de ello, se puede prever que este año aún creceremos al menos 8%, en 2008 y 2009 entre 6 y 6.5%, y recién en el 2010 llegaríamos a 5%. Obviamente, para ello se requiere la persistencia del excelente ciclo externo, una inflación controlada, mayor volumen de créditos bancarios y presión tributaria decreciente.” josemo@speedy.com.ar
(*) Economista de la Universidad Fasta
|
 |
|
 |
|
 |
|
|
|