Baja el desempleo, pero la calidad laboral no mejora

Un informe del CERX dice que el 55% de los ocupados dicen estar sobre-empleados, fenómeno que se registra tanto entre asalariados como en no asalariados

1/1/2008

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La importante caída que ha venido mostrando el desempleo, si bien ha resuelto un grave problema, la falta de trabajo, no ha podido revertir otros de igual gravedad: la baja calidad laboral. Los resultados de percepción laboral ilustran una parte de este fenómeno: de cada 100 trabajadores 55 perciben estar sobre-empleados, 57 señalan no estar conformes con la calidad de su trabajo, en tanto que el 73% dice no recibir por su trabajo los ingresos suficientes para cubrir sus gastos necesarios.

Extensas jornadas de trabajo, empleo en negro sin acceso a beneficios básicos, ausencia de días para el descanso, problemas vinculares en el área laboral y los bajos ingresos recibidos son los principales factores que afectan actualmente a un mercado de trabajo que ha convergido finalmente a niveles de desocupación de un dígito -9,8% de la Población Económicamente Activa, según los datos del INDEC al primer trimestre de 2007-, pero donde los actores involucrados (los trabajadores) se muestran con un alto grado de insatisfacción. Cuantitativamente, el mercado de trabajo parece estar muy cerca de quedar saneado, sobre todo en muchos aglomerados urbanos donde hace tiempo se registran tasas de pleno empleo. Sin embargo, estos avances en cantidad no se reflejan en mejor calidad laboral.

De acuerdo con los relevamientos habituales realizados por el Centro de Economía Regional y Experimental (CERX) en Gran Buenos Aires, el ingreso promedio familiar ascendió al primer trimestre de 2007 a 1,607 pesos al mes. Pero en el 73% de los hogares, sin embargo, este monto no alcanzaba para cubrir los gastos necesarios. Esta situación, que persiste en el tiempo a pesar de que la población demandante de empleo se ha ido incorporando al mercado de trabajo, ha obligado a menudo a buscar trabajos alternativos, hacer horas extras y extender la jornada laboral, profundizando un nuevo problema que se agrega a los de informalidad ya existentes: el sobre-empleo, un fenómeno que incide sobre la satisfacción laboral. El 55% de la población dice trabajar más horas de las deseadas, en tanto 26,1% trabaja menos de lo que requeriría.

La tasa de desocupación bajó finalmente a niveles de un dígito, por debajo de las expectativas del Gobierno, y en términos históricos es la tasa más baja, incluso de los últimos 20 años. Pero al mismo tiempo está marcando que la situación del mercado de trabajo está más pauperizada que en los ’80, donde convive un escenario de bajo desempleo pero elevada informalidad y descontento con las condiciones laborales. Se suman además problemas de capacitación: de acuerdo con los datos relevados por CERX, el 46,5% de los trabajadores no se sienten lo suficientemente capacitados para llevar adelante la tarea que realizan, y esto ocurre fundamentalmente entre los sectores de menores ingresos.

Así, en el primer trimestre la economía creció un 8%, manteniendo el ritmo de crecimiento de los últimos 4 años. Pero en términos absolutos, puede observarse que la reducción del desempleo estaría llegando a un piso, y si se continúa creciendo en piloto automático, en adelante se moverá en tasas estacionadas entre un 8% y un 10%, pero con baja calidad de empleo, tanto por el lado de las condiciones laborales como por el de los ingresos.

Podría decirse que se llego así a la base del problema laboral, que es estructural. Para resolverlo y poder tener tasas de un dígito genuinas y un mercado laboral verdaderamente saneado, se requerirá en adelante de la ingeniería fina del Gobierno para dar el salto de calidad, algo en lo cual la Argentina del siglo XXI todavía no ha logrado mostrarse eficiente.


 

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