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¿Revaluar el peso? (Segunda parte) |
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Por Hugo José Monasterio desde Bariloche (*): la ministra Miceli tiene instrucciones expresas de resistir esta ola revaluadora que existe en otros países |
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1/1/2008 |
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En nuestro anterior artículo señalábamos que gran parte de las monedas más importantes del mundo se encuentran en plena etapa de “apreciación”. Dicho en otras palabras, distintos gobiernos están procurando que su dinero aumente de valor frente al dólar. Y agregábamos que lo hacen para lograr una mejor posición en este favorable momento de la economía mundial (signado por crecientes producciones regionales e intercambios comerciales en alza). Así, por ejemplo, desde enero/2007 a la fecha, el euro ha aumentado 2,44% su valor de cambio ante la divisa norteamericana. Y en Brasil se bajó de 2,12 a 1,92 reales el precio de cada dólar.
Al respecto, ¿Argentina está aprovechando acabadamente esta coyuntura internacional? No, porque nuestro gobierno se apoya en un criterio muy distinto. Es más, durante la entrevista que mantuvo en la Casa Rosada con los nuevos directivos de la UIA, Kirchner afirmó que “la ministra Miceli tiene instrucciones expresas de resistir esta ola revaluadora que existe en otros países”. Y a renglón seguido explicó que su objetivo es “mantener competitivos a los sectores que se benefician con el dólar alto y, de esa manera, apuntalar el proceso de reindustrialización de la Argentina”.
Ahora bien, sucede que para mantener la actual cuasi-paridad de $ 3,08 por U$S 1, nuestro Banco Central sale en forma permanente a comprar dólares y, para pagarlos, emite moneda nacional. Es cierto que día a día esa “recolección” de dólares permite que aumenten las reservas del país (de hecho, éstas se encuentran en un nivel record); pero al mismo tiempo, la continua emisión de pesos (como toda emisión monetaria) termina generando tensiones inflacionarias cada vez más fuertes; es decir, aviva justamente el peligro latente al que más le teme el gobierno: un desborde generalizado de precios, tal que sea muy difícil de revertir.
¿Qué camino se puede seguir al respecto? ¿Deberíamos pensar en revaluar nuestra moneda? Por cierto, salir del esquema presente no es un paso simple (especialmente, después de haberlo defendido a capa y espada durante varios años en el Banco Mundial y el FMI). ¿Por qué se dificulta? Una primera causa es la obvia significación política que conlleva cada cambio en las reglas de juego: implicaría una aguda autocrítica por todo lo hecho hasta ahora, lo cual seguramente a Kirchner le costará mucho digerir.
En segundo lugar, un factor que nos complica adicionalmente es el propio contexto mundial, caracterizado por la gran abundancia de recursos financieros. Supongamos, en ese sentido, que el gobierno admite revalorizar nuestra moneda; de modo tal que para comprar un dólar ya no se deba pagar $3, sino $ 2,70. Al respecto, cabría esperar que, de inmediato, se genere una fuerte demanda de divisas: la gente querrá comprarlas al advertir que están más baratas. Dicha situación, mientras ocurra en los límites del mercado interno, podrá ser manejada perfectamente por el Banco Central, dado el nivel de reservas que posee. Sin embargo, por la gran movilidad de los fondos internacionales (que suelen cambiar su rumbo en forma rápida y permanente), esa demanda podría buscar en el exterior las divisas que no consiga en el país. En tal caso, se remitirían fuertes remesas de moneda nacional para comprar dólares afuera, lo cual terminaría por desvalorizar al peso. En suma, provocaría que la relación de cambio se desplome hasta niveles en los que U$S 1 cueste, por ejemplo, sólo $ 2,20. Es decir, una paridad muy inferior a la que el gobierno desearía, con notorio abaratamiento del dólar e involuntaria sobrevaluación del dinero local. ¿Se puede evitar una “corrida cambiaria” como ésta? Sí, se lograría implementando nuevos controles al ingreso de capitales especulativos y reforzando los ya existentes.
Pero, además, existe un tercer factor, tan perturbador por el gobierno como los dos anteriores: si deja que el dólar pierda valor frente al peso, se le “caerá” lo que recauda por retenciones a la exportación de bienes y servicios. Y es sabido que las cuentas del Estado dependen mucho de este flujo de recursos. Dicho en otras palabras, la revisión y ajuste del esquema “dólar alto-superávits gemelos-acumulación de reservas” sólo serán viables si están acompañados por una reestructuración del sistema impositivo, que redistribuya las cargas tributarias y, por ende, alivie el peso que recae sobre los exportadores. Pero es claro que ello no ocurrirá hasta que pasen las elecciones de octubre.
Entretanto, sepamos que el país perfectamente puede progresar en lo económico si se respalda en una paridad de $ 2,80 por U$S 1 (que no lesionaría en absoluto las actuales proyecciones de mediano plazo). Obviamente, también necesitamos mantener en orden nuestro programa fiscal. Precisamente fue ese orden -más el fuerte crecimiento de los últimos años- el que impidió el retorno de aquellas hiperinflaciones que tanto perjuicio nos causaron. Entretanto, ocupémonos de sincerar al verdadero costo de vida. Sólo así desarticularemos las pujas distributivas estériles y algunos intentos de dolarización que andan circulando por ahí. centroestudiosregionales@speedy.com.ar
(*) Director del Centro de Estudios Regionales de Universidad FASTA
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