Economía: Rumbo a las elecciones

Por Hugo José Monasterio desde Bariloche (*): ¿Qué se puede esperar ahora, que la senadora Kirchner ha oficializado su candidatura a la presidencia?

1/1/2008

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¿Qué se puede esperar ahora, que la senadora Kirchner ha oficializado su candidatura a la presidencia y realiza el primer viaje al exterior bajo esa condición? A decir verdad, escasos cambios en el ámbito macroeconómico (salvo que resulten forzados o precipitados por circunstancias externas de alto impacto) . Más bien, cabe pronosticar un status-quo. Habrá, lógicamente, algunos ajustes (un “lifting”, como suele decir Carlos Melconián) para favorecer las perspectivas oficialistas en las elecciones de octubre, pero sin tocar al núcleo de la política económica en que se basa la actual gestión. Esto significa, entre otras cosas, que se seguirá fogoneando a la fuerte bonanza consumista que hoy caracteriza al país. Es más: aunque Miceli ya no ocupe el sillón ministerial, una prioridad casi excluyente para los funcionarios del área será alentar el consumo interno tanto como se pueda, potenciando así los efectos de arrastre que el mismo tiene en las demás variables.m No es casual, al respecto, que el consumo esté creciendo con mayor velocidad que el producto bruto. Y tampoco es casual que el gasto público se haya expandido del modo en que lo hizo. En ese sentido, el rumbo del gobierno queda transparentado a poco que se analicen unas cuantas señales: a) está delineando incentivos directos para que se dé crédito a todo aquél que sea consumidor potencial, tanto en el circuito principal (bancos, tarjetas de crédito) como en el complementario (cooperativas, mutuales, financiamiento propio de supermercadistas, concesionarias de automotores, casas de electrodomésticos, corralones para la construcción, grandes comercios en general); incluso sabe que ciertos canales de financiación informal están cobrando gran vigor; pero, por el momento, prefiere mirar hacia otro lado; b) se crearon numerosos empleos en el sector gubernamental; c) se otorgaron diversos ajustes salariales a los empleados públicos; d) fueron incrementadas las jubilaciones; e) se negocia permanentemente con el sector privado nuevas incorporaciones de mano de obra; f) opta por ser tolerante con aquellos sectores que otorgaron un mayor sueldo también a sus trabajadores no registrados; y agresivo con otros que, estando en la misma informalidad, no hicieron lo propio.

A todo esto, ¿cómo reaccionan los empresarios? Están preocupados por las limitaciones energéticas; pero mucho más por el crecimiento de los precios, ya que saben que éstos se encuentran varios peldaños por arriba de lo que reconoce la Secretaría de Comercio. En rigor de verdad, ningún empresario importante trabaja hoy sin una hipótesis inflacionaria de 1% mensual, aunque Moreno jure que a fin de año no se sobrepasará el 7,5% u 8% anual. Al respecto, el desguase que sufrió el INDEC ha derivado en la ausencia de parámetros confiables y, por ende, en una peligrosa dispersión de decisiones; tanto que, como se dice comúnmente, cada uno “corre por su lado” y los que están sujetos a precios regulados, pierden día tras día. Al respecto, es indudable que este horizonte no mejorará hasta el que gobierno no restaure la credibilidad que dicho organismo perdió; ni se revertirá por completo hasta que todos (empresarios y consumidores) veamos una cierta dirección en el conjunto de decisiones políticas que toma el presidente (léase: parlamento no reducido al papel de escribanía del ejecutivo, jueces no perseguidos por procesar a ministros o secretarios, abandono de las descalificaciones a la oposición, cese de la defensa a ultranza de funcionarios sospechados, etc.).

En ese sentido, la actitud más sensata que podría tener hoy el gobierno es no caer en las tentaciones facilistas a las que suelen inducir las encuestas con tendencia positiva. Aunque las mieles del triunfo parezcan al alcance de la mano y eso lo ponga exultante, tiene que evitar las imprudencias. Ergo, debería asumir que el gasto público no puede seguir aumentando sin cesar, aunque esto implique amortiguar el ritmo de ejecución de las obras viales y planes de vivienda (que -al compás de los tiempos electorales- crecieron $ 4.300 millones en el primer semestre del año). No es razonable sostener lo contrario, simplemente porque no sabemos cuánto durará este auge mundial, con alzas inusitadas en los precios de la producción primaria (al respecto, es indudable que cualquier retroceso sustancial en dichos valores comenzará por provocar un notable deterioro en los planes presupuestarios de las provincias).

Por su parte, Cristina de Kirchner no debería ver a todos los inversores como si estuviesen confabulados y al acecho. Ello le nubla la vista a la hora de analizar porqué se invierte hoy en la Argentina menos de lo que necesitamos. De hecho, ya ninguna inversión está condicionada por el temor a eventuales aumentos de tarifas: todos dan a esos ajustes por descontados, porque saben que son inevitables. Lo que sí intranquiliza verdaderamente a aquéllos que están dispuestos a apostar su capital en emprendimientos locales, es saber que de pronto se pueden encontrar con cambios en las reglas de juego. En ese sentido, no brindar las garantías jurídicas suficientes equivaldría a poner una zanahoria frente al burro y hacerlo caminar en forma inexorable rumbo al pozo (y esto, lamentablemente, pasó más de una vez en nuestro país).
centroestudiosregionales@gmail.com

(*) Director del Centro de Estudios Regionales de Universidad FASTA


 

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