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“Una puja clásica: salarios vs. inflación”
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Por Hugo José Monasterio, director del Centro de Estudios Regionales Universidad FASTA (*): Segunda parte.
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1/1/2008 |
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En esta Argentina de plazos cortos, siempre quedamos fragmentados por mil distintos intereses. De un lado, los consumidores reclaman que su poder de compra se desdibuja ante la continua suba de precios. En la otra vereda, las empresas y el propio estado replican -frente al generalizado pedido de mayores sueldos- que sus posibilidades presupuestarias se verán en peligro.
Y este contexto de arduas discusiones, el país prosigue su farragoso camino. En ese sentido, el INDEC ha confirmado que 2007 fue el quinto período consecutivo de crecimiento “a tasas chinas”; lo cual, por sí solo, tendría que convertirse en un aliciente para todos. Sin embargo, la mencionada escalada de precios condiciona a las expectativas con que se esperan los meses venideros: tanto empresarios como consumidores no ocultan su preocupación ante los nuevos pronósticos (que –como mínimo- ubican en 15% al lastre inflacionario que arrastrará el 2008). Por ello, no sorprendió a nadie la frase de un conocido analista: “el actual modelo muestra rasgos tan variados, que parece un campeonato de paradojas”.
Al respecto, frente a esta retroalimentación de causas y efectos (alza del consumo-inflación-ajuste de salarios) no podemos desconocer algunos datos: la filial argentina del Estudio Deloitte acaba de informar que “...durante enero de 2008 los créditos otorgados entre privados mostraron un crecimiento de 2,9%, lo que en pesos equivale a 3.094 millones; de esta manera, al cerrarse el mes el stock de operaciones de este tipo asciende a $110.082 millones, debiendo señalarse que entre enero/2007 y enero/2008 la masa de préstamos privados tuvo un crecimiento de 42,2%...” Y a renglón seguido el informe entra en mayores detalles: “Esta suba en enero es consecuencia del crecimiento de los adelantos en cuenta corriente (lo que es propio de las épocas de vacaciones). Pero también y fundamentalmente, es el producto de una mayor liquidación de préstamos personales y del mayor uso de tarjetas de crédito...”
Es justamente ésto último lo que resulta llamativo: en cada encuesta que se realiza, los ciudadanos consultados coinciden en que su grado de confianza en la economía está disminuyendo por las turbulencias de los precios. Entonces, ¿porqué siguen tomando créditos?, ¿porqué deciden endeudarse a plazos relativamente largos? Una primera respuesta sugiere que la gente no ve amenazas de hiperinflación. Y, por cierto, percibe que, llegado el caso, el gobierno no dudará en intervenir para “acomodar las cargas” como sea; en ese sentido y aún cuando a nadie le gusta que se manipule al INDEC, confían en que Guillermo Moreno presionará cuantas veces haga falta para que los precios retrocedan. Solo bajo estas premisas puede entenderse que, a pesar de tanta pérdida de poder adquisitivo, el interés de las familias por acceder a ciertos bienes y servicios no ha decaído en absoluto.
Al respecto y siempre basándonos en los cómputos proporcionados por Deloitte, cabe citar que “...en 13 meses (diciembre/2006 a enero/2007) los créditos personales y para consumo –incluidos los otorgados a través de tarjetas de crédito- pasaron de representar 27,1% a significar el 31,4% en la ‘torta’ de prestamos del sistema financiero… y si desmenuzamos esta variación anual por conceptos, veremos que las partidas de préstamos personales son las que registraron mayor aumento (poco más del 62%), seguidas por los créditos prendarios (58%). Entretanto, las financiaciones a empresas sólo aumentaron 36,8%...” Por cierto, está claro que para generar semejante crecimiento en los primeros fue necesario recortar fondos que inicialmente estaban destinados al sector empresario.
En ese sentido, la medición de Deloitte resulta muy valiosa porque ratifica que durante 2007 el crédito actuó como una gran palanca para el consumo. Pero, además, permite comprobar que la mayor parte de los préstamos personales se orientó hacia dos rubros específicos: automóviles y electrodomésticos (por cuya financiación se cobra, justamente, una tasa de interés bastante mayor a la que se aplica cuando se adquieren otros bienes y servicios).
Ahora bien, si a la gente se le está brindando abundante crédito para sus compras, y al mismo tiempo las empresas ven disminuidos los márgenes de ayuda financiera con que podrían aumentar su oferta o acrecentar la capacidad productiva, ¿cómo haremos para saltar el cerco de la inflación en un plazo que verdaderamente se compadezca con el apremio de los más necesitados? josemo@speedy.com.ar
(*)Director del Centro de Estudios Regionales Universidad FASTA
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